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Txantxangorri

Txantxangorri

Ah y esto de que en la biblioteca no tenemos ventanas,

no sé si es del todo verdad…

Quiero decir que sería una pos-verdad

que como todas sería medio falsa,

aunque en general esta podría ser bastante verdadera.

Porque ventanas sí que tenemos una,

y, por si fuera poco con vistas al mar.

De hecho,

en esos días que amanecen un poco tristes

o por lo menos no todo lo alegres que quisiéramos,

se nos coló una mañana un pajarillo por esa ventana entreabierta,

la que tiene vistas al mar.

Nos alegró la mañana con su canto,

pero eso sí: cantar,

siempre bajito y sin que se note mucho quién canta.

“Que el mundo se quede con el canto pero que nadie sepa quién es el cantor”

parecía ser su lema.

El sonido era delicioso,

todos sabemos cómo cantan esos bichos.

Y la letra? ¡Uy la letra!

En la letra había de esas palabras que

aunque a veces duelen o se atragantan un poquillo

siempre nos llevan adonde hay que ir.

Con el canto del pajarillo aprendimos

que para leer el mundo necesitábamos las palabras adecuadas

que a veces cuesta encontrar,

y no las que nos bombardean por la televisión una y otra vez.

Aprender todo eso cantando, ha sido un placer.

Todos sabemos lo que alegra el alma esto de cantar.

¡Pero cuidado,

que todo el mundo aprenda la canción

pero que nadie sepa quién es el cantor!

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