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Nuestra sede: el Palacio de Dávalos

Palacio de Dávalos sin rehabilitar

Tal como Hernando Pecha nos relata en su “Historia eclesiástica y seglar de la muy noble y muy leal ciudad de Guadalajara”, a principios del s. XVI, y una vez finalizado el Palacio de Infantado, muchos de los maestros de obras y artesanos que trabajaron en su construcción comienzan el levantamiento de diversos edificios civiles y templos religiosos por encargo de la nobleza mendocina que actuaba como regidora de la ciudad. Es el caso del Príncipe de Mélito, Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, que inicia las obras de una casa principal cercana al Palacio del Infantado. Esta primera edificación fue adquirida en 1576 por Hernando Dávalos y Sotomayor, quien comienza su ampliación, y que finalizará a finales de ese siglo su hijo Francisco Dávalos Sotomayor para su uso como casa señorial, residencia de la familia y su servidumbre.

La casa-palacio, a semejanza de otras de estilo renacentista manierista, consta de una portada ornamentada que alcanza las dos plantas, un patio interior abierto, cuadrangular y arquitrabado, con entramado de madera soportado por columnas de piedra, grandes salas con artesonados y una galería abierta que en el pasado daba acceso al patio exterior, aljibe y caballerizas.

Patio de la biblioteca rehabilitado
Portada Palacio de Dávalos

El patio, cubierto ahora tras la restauración y dotado de claraboyas para la entrada de luz natural, posee una amplia planta cuadrangular y está formado por dos pisos adintelados con columnas de piedra, rematados en capiteles sencillos sobre los que se sitúan zapatas de estilo alcarreño que soportan la viguería de la galería superior. En las esquinas podemos observar escudos tallados en caliza. En este espacio es posible distinguir claramente los elementos replicados que sustituyen a los destruidos por los bombardeos de la ciudad de la aviación nacional en diciembre de 1936. Un bastidor muestra también las piezas de piedra de una arquería tallada, posiblemente obra del mismo autor que las instaladas en las galerías del Infantado, reutilizadas para esculpir nuevos escudos.

La portada es el elemento más reciente de edificio original, datada a finales del s. XVI. Su estilo es netamente manierista, propio del estilo renacentista castellano, con elementos serlianos que combinan un gran arco de medio punto sobre columnas laterales y un vano adintelado ornamentado con dos caballeros enfrentados con lanzas. El conjunto está rematado por el escudo de armas familiar sobre la ventana superior.

Son cuatro los artesonados de tradición mudéjar que conserva el actual edificio. El más lujoso, con elementos renacentistas pintados y dorados atribuidos al pintor Juan López de la Parra, se localiza en el despacho de dirección, antigua sala noble cuyo balcón preside la fachada del palacio. La escalera principal está rematada por otro artesonado recuperado y adaptado en la rehabilitación para este espacio, de madera policromada en tonos rojos y azules, estructuras octogonales y ornamentación renacentista con motivos vegetales. En la actual Sección Local se encuentra el de mayores dimensiones que, con estructura abovedada a lo largo de toda la dependencia y disposición decorativa similar al anterior, muestra las diferencias entre el material restaurado y el reintegrado en sustitución del original quemado parcialmente. En la zona de audiovisuales de la primera planta encontramos el último y más llamativo, porque además de la viguería original incorpora los escudos familiares policromados pintados sobre la yesería.

En el patio exterior se localiza la arquería herreriana que remataba la ampliación que sufrió el edificio en el s. XVI, descubierta durante la restauración del conjunto. Está construida con ladrillo sobre pilastras calizas. En sus enjutas aparecen tallados sobre piedra los escudos de los diferentes linajes familiares: Dávalos, Sotomayor, Butrón y Zúñiga.

Artesonado descansillo segunda planta
Artesonado del despacho de dirección
Arquería del patio exterior

En 1999 un edificio en ruinas, abandonado y vandalizado durante años, utilizado previamente como viviendas y locales de diferentes almacenes y talleres, es adquirido por el Ayuntamiento de Guadalajara y cedido al Ministerio de Cultura, con la condición de convocar un concurso público para su restauración y rehabilitación como biblioteca pública. Se pretendía ganar mayores espacios y liberar de la presión del público al Palacio del Infantado, sede también del Archivo y el Museo Provinciales. El concurso fue ganado por el estudio del arquitecto Francisco Fernández Longoria, que en su proyecto adaptó las instalaciones del edificio a las actuales necesidades de la sociedad digital y a los nuevos usos bibliotecarios. Sus 5.825 m2 construidos amplían la superficie útil con espacios diáfanos, que permiten el acceso a los usuarios a todos los recursos de información disponibles en el S. XXI. Las obras se iniciaron en febrero de 2002, inaugurándose en julio de 2004.

Y además...

Puedes conocer el estado previo del edificio y su estado actual en nuestra galería fotográfica.

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